lunes, marzo 23, 2009

La Muralla (pt. 3)

Golpe seco.

- Pobre hombre.
- ¿Que paso?

Desperté de mi soliloquio y me di cuenta. El fatigado cuerpo del escalador se hallaba en la arena dura del suelo. Lenta y dolorosamente se sentó apoyado en el muro que lo derroto y se quedo dormido.

- Iré a ver si se encuentra bien
- No creo que te preste atención.

Me acerque y le di unos empujones, no reaccionaba. Respiraba pero se hallaba profundamente dormido. Tras hablarle y gritarle sin conseguir que despierte lo arrastre cerca del fuego para que se pueda recuperar.

- Obras bien, muchacho, no te desilusiones si luego no te lo agradece.
- No importa, no esperaba que lo hiciera.
- ¿Aun quieres cruzar?
- Sí – tenía una gran duda sobre como lo haría.

Los grillos en la lejanía parecían estallar en tristes y solitarios llamados. Recordé un accidente que sufrí tiempo atrás. Iba caminando por una carretera fuera de la ciudad, entre una ligera neblina, hacía frío y me encontraba débil. La razón: Salí con unos amigos a acampar en un valle cercano, las cosas se nos complicaron, nos quedaba poca comida, las bolsas de dormir se arruinaron con la humedad y uno de ellos enfermo al comer una fruta silvestre. Como era muy tarde para regresar preferimos quedarnos una noche mas; había salido a buscar leños para la fogata que apenas pudimos armar. La carretera era de tierra y poco o ningún vehiculo pasaría por esa zona, de vez en cuando se escuchaban ruidos a lo lejos como de cascos.

Pasada una hora encontré un par de niños que llevaban consigo una mula y en la mula, leña. Pedí
que me diesen un poco, hasta ofrecí comprar e intercambiar mis guantes. Ellos no me comprendieron, pues hablaban otra lengua que desconocí en todo sentido. Con las manos señale la carga e indique la dirección por la cual había venido. Intercambiaron palabras, hablar con ellos era inútil. Entregue a uno de ellos el par de guantes y me aproxime al animal para sustraer un poco de la madera seca, ambos gritaron enojados al creerme un ladrón (supongo). No podía dejarlos ir, eran las primeras personas que vi en todo el viaje, me arrodille y utilice todos los medios para hacerles saber que necesitaba los leños. Esta vez comprendieron de qué trataba de hablar, pues señalaron una entrada fuera de la carretera y pronunciaron que ni remotamente pude descifrar.

Fui por donde me habían indicado y me encontré con un tupido bosque, las ramas en el suelo eran muy húmedas, no servirían para nada. Me adentre más y más hasta llegar a un claro donde por fin pude hallar lo que buscaba. Recogí cuanto pude y me dispuse a regresar. No bien di cinco o seis pasos escuche que algo se movía atrás de mí. Giré y en la negrura de las plantas no vi nada. El ruido de hojas y ramas quebrándose se repitió. Tuve miedo y me aleje caminando rápido. Pero a los pocos metros volví a escuchar el ruido, esta vez provenía de adelante. Cambie de rumbo. No se cuanto habré retorcido mi camino, huyendo del desconocido barullo me halle perdido. Trate en vano de orientarme, finalmente resbale por un barranco. Caí sobre pequeñas rocas, la linterna se arruino. Sentí humedad en la pierna izquierda. Toqué mi cuerpo en la oscuridad y lo descubrí: una rama, posiblemente de la leña que cargaba, se me había incrustado en el muslo. No sentí dolor. Seguí examinándome, la herida no era muy grande, reparé en arrancármela. Conteniendo la respiración di un tirón y la saqué de mi cuerpo. Esta vez si invadió un dolor descomunal y la sangre brotó a mayores proporciones. Presionándome el muslo para contener la hemorragia perdí el conocimiento.

Al despertar me hallaba en un recinto que parecía una cabaña. Tenía mucho frío y la pierna adormecida en su totalidad. Un hombre de facciones duras mojaba unos trapos en un líquido humeante. Al verme despierto habló. Quizás hizo preguntas, no pude entenderlo. Solo atiné a levantar la mano y llevármela de la boca a la garganta con un gesto de cansancio. Entendió que tenía sed, dijo algo hacía el interior de la habitación y colocó uno de los trapos en mi frente. Olores a hiervas inundaron el ambiente… se acerco uno de los niños que encontré, portando una vasija con alguna especie de té. Bebí un poco, miré el techo de hojas de palma y palos, y las sombras, las sombras… danzarinas, moviéndose inducidas por las flamas anaranjadas de la vela.


Oí voces, algo comentaban mis hospederos. Al mirarlos me miraron. El adulto volvió a hablarme indicando mi pierna y haciendo gestos como de animal. Terminando su mensaje se retiro dejándome con el niño. Éste se aproximo. Hice un gran esfuerzo y sonreí, respondió la sonrisa. Con los ojos señale la vasija de té. Me la alcanzó y pude apagar el ardor de la garganta. Algo entro a mi boca con el líquido, lo saqué y tuve en mis dedos una pequeña piedrecilla transparente como cuarzo. El niño la tomo y hablo señalando la tierra y el techo (quizás en esto ultimo se refería al cielo), luego me la regreso a la mano y la cerro.

Asumí el gesto como un regalo. Introduje la otra mano bajo la camisa y saque una medallita de plata. Se la entregué como agradecimiento. Seguido, reapareció el hombre con otra vasija, miro la medalla y sonrió. Levante un poco el cuerpo bebí el nuevo brebaje, era diferente al anterior. Al terminarlo sentí desvanecerme y en un instante quede dormido.

Desperté en el claro, cerca de la carretera. Me sentía muy bien, la herida de la pierna estaba cuidadosamente envuelta y las fuerzas habían vuelto. Busqué por las cercanías, mas no encontré rastro de las personas que me auxiliaron ni ningún vestigio de actividad. Intrigado regresé a donde se hallaba mi campamento. Cuando estuve ahí los encontré despiertos.

- ¿Dónde estuviste?
- Fui por la carretera y… – les conté lo ocurrido.
- Estábamos preocupados al no verte llegar. A eso de la media noche apareció un niño con una bestia de carga, traía tus guantes… nos dejo ese atado de leña. Tampoco pudimos entender que decía.
- ¿Viste por donde se fue?
- No vimos. Se acercó a la tienda, cuando vio al enfermo saco como una botella de cuero y le dio de tomar una cosa. Nosotros armamos la fogata, para cuando nos dimos cuenta ya se había marchado con su animal.

Nunca supe quiénes fueron aquellas personas, qué produjo los ruidos, ni como supieron encontrarnos o que eran esas aguas extrañas. Tampoco pudimos darles las gracias, solo supimos que había ocurrido y que sin ellos hubiera sido otro el desenlace de aquella noche.
No supe quiénes eran…’ Es común aquella frase en la gente. Podemos encontrar ayuda en cualquier lugar y ni saber quien la esta brindando.

- No se me había pasado por la cabeza antes… ¿quién eres?
- ¿Quién soy?... Hay tantas respuestas para esa simple pregunta. Dejémoslo en que fui tambien alguien que caminó por aquí.
- ¿Te detuvo la muralla?
- En su tiempo, sí.
- ¿Eso significa que lograste pasar... o te rendiste?
- Intenté muchas cosas y obtuve sus respectivos resultados.
- ¿…? – hice un gesto interrogativo.
- Todo a su tiempo, muchacho, todo a su tiempo. – y largo una pequeña y alegre risa.

2 comentarios:

AnGeLa dijo...

demaciaod buena la hitoria, intrigante y a la vez tan hermosa

' Joseαne Costα* dijo...

' Muito obrigada pelo elogio^^
O seu blog que é belo, belissímo...
Ah... só vi agora que você tem dois blog's, fiquei seguidora desse também viu^^

bjoo's

=]*